martes, 21 de julio de 2009

Machupichu me ha gustado más desde la distancia que estando allá. Lo primero es que para llegar allá toca viajar casi un día y eso que contratamos un tour; salimos de acá como a las 8:30 en un bus, con 10 personas más, estaba un poco desorganizada la cosa, el conductor ni siquiera había tanqueado el carro, pero bueno, al fin llegamos a un sitio en medio de la nada llamado Santa Teresa, que parece como dos calles a lado y lado de la carretera donde la gente para a comer, el almuerzo no estuvo bueno, lo cual me sorprendió porque hasta ahora todo lo que me habían dado en Perú me había sabido delicioso; comí carne asada con papas, tomate y arroz, eso fue como a las 2:30, tal vez más tarde, de ahí uno sigue hasta la estación del tren en hidroeléctrica. Los boletos estaban sobrevendidos, así que nos tocó irnos paradas, junto con toda la gente que venía con nosotros, finalmente nos sentamos en el corredor. El tren es una cosa loca, en general la llegada a Machupichu es muy desordenada, paraba cada tanto y de vez en cuando retrocedía. Llegamos como a las 6 a Aguas Calientes, que parece ser un lugar que solo vive del turismo, todo es carísimo y la comida no es tan buena, aunque estaba mejor que en Santa Teresa. La habitación que nos dieron estuvo buena, las camas estaban cómodas y con buenas cobijas, lo único malo es que a mí no me salió agua caliente de la ducha, a Pili sí. Al dia siguiente salimos a las 4:20 rumbo a las ruinas, toca subir una montaña, llegué faltando un cuarto para las 6 a la entrada. Ahí me vi con Pili que se vino más despacio que yo. La entrada fue muy bonita, sobretodo porque no había mucha gente adentro, entonces se podía ver el lugar con tranquilidad, aunque estaba oscuro porque allá no sale el sol sino hasta las 7 o algo así, lo cual es muy bonito, siento que fue el momento más especial de todos, porque de repente las piedras toman un colorcito amarillo, se ven los rayos de sol de verdad, así como uno los pinta cuando está chiquito en el colegio, y, lo mejor de todo, uno se calienta como los animales de sangre fría, porque las ruinas están en medio de muchas montañas, está escondida y precisamente por eso es tan difícil llegar allá. El guía estuvo muy bueno, sabía quechua y era lo más de simpático, lo único es que ya estaba muy cansada así que me distraí resto y ya se me olvidó muchas de las cosas que dijo. Lo único que recuerdo es que según la moral inca no seas mentiroso, no seas perezoso y no seas ladrón; trabaja, aprende y ama; muy bonito, ahora sí puedo comprarme una cruz del sur y colgarmela del cuello. La salida no fue tan chévere, porque aunque el recorrido por las ruinas es libre los callejones tienen sentido, así como las calles lo tienen para los carros y uno no se puede meter en contravía; nos demoramos casi una hora retornando al punto de entrada. Nos bajamos corriendo porque no teníamos mucho tiempo y a Pili le estaba doliendo la rodilla, la tiene malita otra vez, llegamos justo a tiempo para comprar algo de comida antes de irnos y así no tener que comer feo en Santa Teresa. El viaje de vuelta estuvo bueno, nos dieron tiquetes de tren numerados y nos pudimos sentar, además el señor del bus era más simpático que el que nos trajo ayer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario